¿Por qué los tatuajes son permanentes?

Los pigmentos del tatuaje atacan el sistema inmune, este interpreta el tatuaje como la herida que es y envía hasta allí un regimiento de glóbulos blancos. Afortunadamente, aunque estos "soldados" degradarán parte del tejido teñido, las moléculas de pigmento son demasiado grandes para ser retiradas totalmente, por lo por lo que el tatuaje permanecerá en su sitio, afectado por poco más que una leve inflamación.

 Muchos estudios científicos han contribuido a demostrar los beneficios que aporta para nuestra salud, tanto física como psicológicamente. 
Un claro ejemplo es el de un estudio reciente llevado a cabo por científicos de la Universidad de Alabama, que demostró los efectos beneficiosos sobre el sistema inmune que tiene tatuarse. La primera vez que nos tatuamos, nuestras defensas se ponen en guardia ante la tinta que invade el organismo, pero si volvemos a hacerlo más adelante éstas se irán reforzando, como si de una vacuna se tratase.


Por otro lado, también existe un estudio de la Universidad de Texas en el que se evalúa la correlación existente entre el número de tatuajes y el nivel de autoestima de las mujeres y, aunque pueda parecer que no tiene nada que ver, lo cierto es que la asociación resultó ser bastante clara.
Más allá de las connotaciones personales de cada uno, del mismo modo que ocurre con otras adicciones, la culpa de que algunas personas se enganchen a los tatuajes la tiene la liberación de sustancias como las endorfinas, que son producidas por la glándula pituitaria y el hipotálamo como respuesta natural al dolor lógico de que nuestra piel sea perforada por una aguja.

El problema es que esto actúa sobre los sistemas de recompensa del cerebro, produciendo una sensación de placer que se hace cada vez más necesaria y dando lugar a una adicción similar a la de otros compuestos, como la morfina.

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